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Semana Santa en Belén: Comunidad revive memoria de fe y tradiciones


Esta Semana Santa fue diferente. Y aunque muchas personas no pudieron acompañar al “Señor” en Belén, en sus memorias revivieron momentos de profunda fe, respeto y tradiciones comunitarias.


A través de relatos de beleneñas y beleneños compartieron sus recuerdos, donde rememoraron sus costumbres olvidadas, anécdotas personales y familiares y, sobre todo, un gran amor por su pueblo.


Años atrás, cuando abundaba la agricultura y el oro verde era cargado a lomo de animales hacia otros lugares más lejanos, la Semana Santa se celebraba todos los días de la semana. En el pueblo, según relataron, se conservaba un silencioso luto: todos permanecían en sus casas, no sonaba ninguna radio, nadie alzaba la voz más de lo necesario ni clavaba un solo clavo.


El templo del Apóstol Santiago se levantaba como un gran protagonista durante toda la semana, resaltó Vilma Santos. “Las mujeres del pueblo acudían sagradamente todas las tardes, con velos en sus rostros y elegantes trajes de dos piezas, arreglando pacientemente la ropa de las imágenes y cantando mientras esperaban el día de la resurrección”, explicó.

Sin embargo, el ritmo de la vida actual y el constante ir y venir de las familias entre el pueblo y la ciudad de Arica han transformado la manera de celebrar la Semana Santa. “El día miércoles se hacía una procesión muy linda, la imagen del Señor se juntaba con su Madre y era muy emocionante, le llamábamos el miércoles de encuentro, pero eso lamentablemente se ha dejado de hacer”, relató Nila Santos.


Hoy en día, se conserva con mucho cuidado la tradición del Viernes Santo, caracterizada por la procesión del Señor por los cuatro altares del pueblo -donde las familias familias de cada sector preparan un altar con flores, aguayos y otros adornos- que es cuidadosamente custodiada por los mayordomos del templo y suele durar toda la noche.


Al Cristo se le pone en una cama y la ésta sobre un anda cargada con adobes. La labor es ardua y larga; unos varones vestidos de blanco van llevando a la imagen por todas las calles del pueblo, algunos con más de una frazada bajo sus ropas para proteger sus hombros de la pesada carga y no sucumbir ante el frío de la madrugada. Antes del recorrido, los varones son bendecidos con una pawa, como corresponde, para asegurar que la jornada se desarrolle en buena hora.


Los varones, acompañados por los guardias y otros fieles, se detienen en cada uno de los altares para renovar sus fuerzas; allí se comparte largo tiempo cantando, comiendo queques, panes, galletas, calapurcas y tomando caliente junto a los vecinos.


“Cuando hablo de esto, me emociono. Cumplir con esa tradición era una gran responsabilidad, era como hacer un aporte al pueblo. Es que en esos tiempos la gente tenía mucho respeto, las tradiciones se cumplían y se compartía con cariño en comunidad. Los antiguos del pueblo todavía mantienen ese celo, pero cada vez nos vamos olvidando del real significado de nuestras tradiciones… A veces necesitamos un remezón y parece que éste es el tiempo de cambiar”, concluyó Adela Cutipa.


Revisa la reseña completa en “RELATOS DE BELÉN: MEMORIA COMUNITARIA DE LA SEMANA SANTA”, en: www.restaurabelen.cl/publicaciones

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